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Tomando la posibilidad de escoger mí destino.

Hay una gran diferencia entre “recibir y tomar la vida que se nos fue dada por parte de nuestros padres”; en la primera, puede suceder que solo tengamos que hacerlo porque no hay otra opción, en cambio en la segunda, tomar la vida implica la decisión de hacernos cargo de ella y forjar nuestro destino con responsabilidad. 

Siempre tenemos la posibilidad  de escoger, de tomar un camino. Muchas veces los seres humanos escogen el camino más tortuoso, el que produce más sufrimiento. Si no estamos sufriendo por algo que pasó, estamos angustiados por lo que aún no sucede. Ese exceso de pasado o de futuro nos va llevando poco a poco a  los abismos de la angustia, ansiedad  y depresión.

Añadir sufrimiento al dolor hace que nos vayamos acostumbrando a enfocar de forma enfermiza  los aspectos de nuestra vida, por lo que la consecuencia inmediata es el abandono,  la enfermedad e inclusive la  muerte misma.

Es tan sencillo vivir tranquilamente que cuando lo logramos y las cosas comienzan a marchar mejor  ya estamos buscando razones para boicotearnos, porque en nuestro inconsciente subyace la idea de que no merecemos estar felices y tranquilos. La idea de que mientras estemos de duelo no debemos ser felices nos conduce hacia una realidad completamente equivocada que no nos permite llegar a la resolución saludable del duelo.

Cuando “tomamos” la vida nos esforzamos por hacer de ella una experiencia placentera, en cambio, cuando “solo la recibimos”, nos  quedamos en la zona de confort esperando que la vida se nos pase sin mayor protagonismo. Por lo tanto, debemos procurar tener una vida sencilla y sosegada sin mayores sufrimientos ni complicaciones, y si el dolor es inevitable por la ausencia del ser querido, está en nuestras manos no añadir sufrimiento a este dolor. Hay que recomenzar de nuevo, las veces que sean necesarias, tomar nuestro destino y decir: “VIDA….Aquí voy de nuevo!!!

Dra. Nancy Brito C.

Psicoterapeuta Gestalt.

Experta en procesos de duelo.

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