Compartir en
El duelo

Integrar la muerte en la vida para ser libres al vivir.

Todo es temporal, nada es permanente. La muerte es lo permanente, de hecho. Todo es necesario, todo tiene que ocurrir. La vida está en la muerte y la muerte está en la vida, al final son la misma cosa, distintas partes de lo mismo.

Pero… ¿Por qué nos cuesta tanto aceptar estas afirmaciones? Hay un elemento que juega un papel importante en el proceso de asumirlas, el apego. El apego es la “vinculación afectiva intensa, duradera, de carácter singular, que se desarrolla y consolida entre dos personas, por medio de su interacción recíproca, y cuyo objetivo más inmediato es la búsqueda y mantenimiento de proximidad en momentos de amenaza ya que esto proporciona seguridad, consuelo y protección”.

Es el apego el que produce en realidad el dolor de la pérdida. Es posible que a mayor apego, mayor dolor en la pérdida. Pero querer sin generar apego es muy difícil, por lo menos en nuestra cultura.

Pero es sólo el tránsito por el dolor de la pérdida el que nos va a servir para aceptar la realidad del cambio. Este tránsito es lo que se conoce por “hacer el duelo”

El duelo por muerte es la reacción natural del ser humano tanto ante la pérdida tanto de un ser querido (persona, animal) como de un objeto o evento significativo. Se trata de una reacción en forma de sufrimiento y aflicción debida a la ruptura de un vínculo.

En el proceso psicológico del duelo se debe tener en cuenta no solo los componentes emocionales, sino también los fisiológicos y sociales. Por lo general, la intensidad y la duración del proceso de duelo serán proporcionales a la magnitud y significado de la pérdida.

Reacciones frecuentes ante la pérdida de un ser querido

Las reacciones normales ante la pérdida de un ser querido, con frecuencia se asocian a los síntomas de una depresión como:

  • Bajo estado de ánimo.
  • Alteraciones gastrointestinales.
  • Pérdida de peso.
  • Insomnio.
  • Abandono de las actividades socio-laborales habituales.

También pueden aparecer sentimientos como:

  • Sentimiento de culpa. Se encuentra centrado en la idea de lo que la persona podría haber hecho, o en lo que no hizo en el momento de la muerte del ser querido.
  • Ideas de muerte. Son pensamientos en torno al deseo de haber muerto en lugar de la persona que se ha perdido, o de haber fallecido con ella.

Los sentimientos depresivos asociados al duelo son considerados como “normales”. Esto no excluye que se pueda buscar una ayuda profesional si estos sentimientos o sensación de malestar causan sufrimiento.

¿En qué consiste el apoyo psicológico en este proceso?

  • Ayudar a la persona a poner conciencia, palabras, a lo que hay siente en su interior. Utilizar diversas técnicas para la expresión de los sentimientos o hacer el acompañamiento si la persona no puede hablarlo en ese momento.
  • Ofrecer comprensión y apoyo.
  • Ayudar a aceptar, sin juzgar o exigir.
  • Integrar lo que se siente y hacerlo parte de uno mismo.

¿Cómo se hace este proceso?

  • Evitar frases hechas respecto a la pérdida.
  • Si no comprendemos de verdad, no lo digamos.
  • No decirle que mire a otras personas cómo lo han hecho, cada persona hace su proceso
  • No nos forcemos ni simulemos situaciones que no sentimos
  • No animar, solo escuchar.
  • Dejar que la persona llore, se exprese, que hable, que haga lo que necesite hacer.
  • Que hable sobre la muerte y la persona fallecida. Que participe en los ritos de despedida del fallecido (le ayudará a aceptar que la persona ya no está).
  • Cada persona tiene su propio tiempo para elaborar su duelo. El tiempo “normal” según los expertos puede ir desde seis meses hasta dos años. Pero existen los duelos crónicos (patológicos), en los que los mecanismos de defensa se perpetúan y no sirven para superar la pérdida. También ocurre que defensas pobres o situaciones patológicas anteriores influyan en la elaboración.
Etapas del duelo

El duelo es un proceso que transita por varias etapas y es el recorrido necesario  para sanar la pérdida de un ser querido.

 

  1. NEGACION

La negación consiste en el rechazo consciente o inconsciente de los hechos o la realidad de la situación. Este mecanismo de defensa busca amortiguar el shock que produce la nueva realidad para sólo dejar entrar en nosotros el dolor que estamos preparados para soportar. Se trata de una respuesta temporal que nos paraliza y nos hace escondernos de los hechos. La frase que podría resumir la esencia de esta etapa es “Esto no me puede estar pasando a mí”.

En este primer momento, el mundo pierde sentido y nos abruma. Nos preguntamos cómo podemos seguir adelante. No es que estemos negando que la muerte o la pérdida se hayan producido sino que nos invade un sentimiento de incredulidad de que la persona que amamos no la veremos nunca más. Los sentimientos de esta etapa nos protegen brindando a nuestro cuerpo y mente un poco de tiempo para adaptarse a esta nueva realidad sin la persona fallecida. Luego el doliente comienza a sentirse como si lentamente estuviera despertando, recordando lo sucedido progresivamente.

  1. EL ENOJO

Si bien los sentimientos de rabia o enfado estarán presentes con distinta intensidad durante todo el proceso de duelo, es en esta etapa donde la rabia toma el protagonismo dirigiéndose este enojo al ser querido fallecido, a nosotros mismos, a amigos, familiares, objetos inanimados e inclusive a personas extrañas. Se siente un resentimiento hacia la persona que nos ha dejado causando un inmenso dolor en nosotros pero este enojo se vive con culpa haciéndonos sentir más enojados aún. La frase que podría contener la esencia de esta etapa es “¿Por qué yo? ¡No es justo!”, “¿Cómo puede sucederme esto a mí?” Esta comprensión del “por qué” de las cosas puede ayudarte a encontrar una cierta paz.

  1. DEPRESION

En esta etapa los sentimientos de tristeza, abandono  y desesperanza son tan fuertes que en algunos casos los dolientes pueden llegar a presentar episodios depresivos, que pueden llegar a requerir intervención especializada.

Se siente tristeza, miedo e incertidumbre ante lo que vendrá y que nos preocupamos mucho por cosas que no tienen demasiada importancia mientras que levantarse cada día de la cama se siente como una tarea realmente complicada. Estos sentimientos muestran que el doliente ha comenzado a aceptar la situación. La frase que contiene la esencia de esta etapa es “Extraño a mi ser querido, ¿por qué seguir?”

En esta etapa la atención del doliente se vuelve al presente surgiendo sentimientos de vacío y profundo dolor. Se suele mostrar impaciente ante tanto sufrimiento sintiendo un agotamiento físico y mental que lo lleva a dormir largas horas. Además la irritabilidad y la impotencia toman un gran protagonismo ya que durante esta etapa se enfrenta a la irreversibilidad de la muerte.

Es normal en esta etapa que el doliente realice  una especie de negociación, la misma que puede ocurrir antes de la pérdida, en caso de tener a una familiar con enfermedad terminal, o bien después de la muerte para intentar negociar el dolor que produce esta distancia. En secreto, el doliente busca hacer un trato con Dios u otro poder superior para que su ser querido fallecido regrese a cambio de un estilo de vida reformado. Este mecanismo de defensa para protegerse de la dolorosa realidad no suele ofrecer una solución sostenible en el tiempo y puede conducir al remordimiento y la culpa interfiriendo con la curación.

Se desea volver a la vida que se tenía antes de que muriera el ser querido y que éste vuelva a nosotros. Se concentra gran parte del tiempo en lo que el doliente u otras personas podrían haber hecho diferente para evitar esta muerte. Las intenciones de volver el tiempo atrás es un deseo frecuente en esta etapa para así haber reconocido a tiempo la enfermedad o evitar que el accidente sucediera. La frase que resume esta etapa es “¿Qué hubiera sucedido si…?” Nos quedamos en el pasado para intentar negociar nuestra salida de la herida mientras pensamos en lo maravillosa que sería la vida si éste ser querido estuviera con nosotros.

  1. ACEPTACIÓN.

El doliente llega a un acuerdo con este acontecimiento trágico gracias a la experiencia de la depresión. Esta etapa no significa que estamos de acuerdo con esta muerte sino que la pérdida siempre será una parte de nosotros. Este proceso nos permite reflexionar sobre el sentido de la vida así como lo que queremos de la vida a partir de ahora. La frase que resume la esencia de esta etapa es “Todo va a estar bien”.

Esta etapa consiste en aceptar la realidad de que nuestro ser querido se ha ido físicamente por lo que debemos comprender que esta nueva realidad que vivimos sin él será nuestra realidad permanente de ahora en adelante. Se trata de aprender a convivir con esta pérdida y crecer a través del conocimiento de nuestros sentimientos. Comenzamos a depositar nuestras energías en nuestras amistades y en nosotros mismos estableciendo una relación distinta con la persona fallecida y se empieza a resignificar su pérdida

La rutina diaria toma un mayor protagonismo en la vida del doliente mientras que ya no se invocan los recuerdos del ser querido con sentimientos de culpa. Esta introspección te permitirá realizar una evaluación de tu vida y analizar cuál es el crecimiento obtenido durante este proceso a partir del cumplimiento de asuntos irresueltos. Esto se debe a que puedes observar que las cosas malas le suceden a la gente buena y a la gente mala también, por lo que la muerte no es percibida como un “castigo” sino como parte del proceso de  la vida.

  1. EL APRENDIZAJE

Finalmente, entender ¿Cuál fue el aprendizaje que la persona fallecida trajo a mi vida?, es la gran interrogante que sobreviene después de la aceptación de la pérdida. Empezar a valorar la vida del ser perdido objetivamente, implica haber transitado por todas las etapas anteriores y haberlas resuelto saludablemente para poder resignificar la vida del ser ausente y aprender a vivir con el recuerdo de la misma, desde el protagonismo y no desde la victimización.

Dra. Nancy Brito C.
Psicoterapeuta Gestalt

  • Dir: Octavio Díaz y Vicente Rocafuerte
  • 2869-014
  • Línea Directa:
    155